¿Romantizamos el consentimiento? Tal vez, nos idealizamos como seres que siempre tenemos las respuestas claras, directas y con voz propia. ¿O es que realmente somos así? El consentimiento ha de estar sí o sí. Hablemos de la práctica.

Este artículo se desarrolla dentro del Programa Con/Sentido. Ocio Responsable con Justicia de Género, que aborda la intersección entre el ocio festivo, el consumo responsable de sustancias y las experiencias de encuentros eróticos comprometidas con la vivencia de las sexualidades libres de violencia sexual.                    

# HAZLO CON/SENTIDO.

¿Cómo transitamos el consentimiento? ¿Y el nuestro? ¿El consentimiento es singular o plural? Como concepto es singular, como acción es plural; consentimientos, son varios los que vamos dando a lo largo de nuestros encuentros, nuestras relaciones o de nuestra vida. Son cambiantes, heterogéneos, diversos, a veces contradictorios, otras se anulan entre sí, en ocasiones son reversibles (“dije que sí, pero mira mejor no”), algunos los gritamos, otros los susurramos; muchos son propios, todos son ineludibles. El consentimiento cuando se vuelve acción se conjuga en gerundio: consintiendo, como las pilas de Duracell; “¡y duran y duran y duran!” consintiendo en el tiempo que dura. 

En el artículo anterior hablábamos de la revolución del consentimiento como una explosión de dimensiones rompiendo la idea romantizada de concepto plano y homogéneo. Señalo romantizar al hecho de simplificar un no o un sí como respuestas fáciles de dar, casi como cuando se habla del amor desde la mirada romántica: “el amor todo lo puede”. Y aunque así lo defendemos “NO es NO” y “SOLO SÍ es SÍ”, esto de simple tiene poco. 

Decimos “NO es NO”, y como un efecto dominó se comienzan a desplegar dimensiones que no son experimentadas del mismo modo por todas las personas ni en todos los contextos. Cuando se torna acción, el lema feminista cobra vida, revienta el cuento de hadas ¿en qué parte del cuento se ocultó el consentimiento de la bella durmiente? y nos atraviesa con el arrojo de nombrarlo para que así exista. 

◆“No es No” y la oportunidad de romper con el complacer. 

Desarrollar la capacidad de decir que NO, no resulta tan sencilla, cuando pasamos a la práctica activa. ¿Cuánto se puede vislumbrar detrás de ese gesto tan claro y directo como un NO?

Me vienen recuerdos de algunos noes de mi vida, algunos que sí pude expresar claramente. Aún siento el vértigo interno cuando mis palabras exteriores eran NO porque es una palabra, pero suena a muchas. Internamente me subía la adrenalina, o tal vez los miedos en forma de escalofríos, corte de respiración y tensión corporal. Respirar hondo, mirar fijamente y decir NO, y por supuesto, colocarse bien arraigada para sostener ese NO y lo que venga a modo de respuesta. ¡Todo un entrenamiento de conciencia y actitud! 

La sensación que me atraviesa al poder expresar ese NO tan claramente es empoderamiento puro; sentir mi poder; mi voz; mi palabra; mi opinión; mi valor. ¿Has pensado alguna vez cómo definirías el empoderamiento desde un punto de vista experiencial? Es decir, ¿tú cómo vives tu empoderamiento? Y ¿el empoderamiento sexual?

Respiro, cierro los ojos y me pasa por delante como si fuera una película: “El recorrido del No”. 

Puedo apenas acercarme al recorrido que se transita (que transito) para llegar a decir NO y quedarme tranquila. ¿nos solemos quedar tranquilas cuando decimos no? 

Haciendo un ejercicio de atención y toma de conciencia, en la película aparecen fotogramas de mi propia construcción individual y como no, del impacto de lo colectivo en mis subjetividades. Esos mandatos de género que nos instruyen para cualquier tipo de cuidado menos para el que nos aporta poder decir que NO, y quedar-nos en tranquilidad. Esos miedos a lo que se puede perder si te atreves a decir que NO. Rechazo, abandono, cuestionamiento, desvaloración, burla, desacreditación, increpación, imposición, fuerza, agresión, violencia…el abanico de fantasías catastróficas (muchas reales) engulle, a veces, poder verbalizar ese NO.

Parece que en este sistema patriarcal no estamos educadas para dar un NO, tan ricamente. Entendamos riqueza como la posibilidad infinita de poder expresar libremente lo que necesitamos, queremos o limitamos desde la autoafirmación y autonomía personal.

Y la persona que lo recibe ¿cómo lo vive? Para el otro lado del NO, también nos han mandado mensajes y mandatos que suenan a: rechazo, humillación, burla, desprestigio, infravaloración,… situaciones de las que parece que hay que defenderse o atacar. “A mí nadie me dice que no”.

El ejercicio va desvelando que de un lado o del otro no se nos prepara para el NO, más bien se nos engaña en una trampa machista que nos lleva a la dificultad de decirlo o de escucharlo sin generar miedos, tensión, inquietudes o fantasías que nada tienen que ver con la riqueza de los noes como habilidades de crecimiento personal y social. 

Son numerosos los espacios, dinámicas, terapias, formaciones, talleres y estrategias que nos interpelan a aprender a decir que no y, por supuesto, a aprender a recibir un no, sin embargo, parece que siguen siendo escasas si slo lo entendemos desde el trabajo individual sin interseccionar lo colectivo y la construcción sociocultural que nos atraviesa. No siempre sabemos leer o interpretar si hay consentimiento, las fórmulas no son matemáticas; y no siempre sabemos expresar-lo ya que tal vez no siempre sabemos identificarlo como para poder expresarlo o interpretarlo.

Pero esta vez no quiero ser yo la catastrófica, ya dije al principio que hablo de los noes que sí pude expresar claramente y estoy convencida que son muchos los que nos han ido dando la oportunidad de romper con el complacer y llevarnos hacia nuestras propias decisiones como placer(es). Una vez lo tenemos claro la práctica no para: “Mi cuerpo, mis normas”. Se acuerdan que les preguntaba cuáles eran sus reglas, pues en esto del consentimiento hablamos de reglas que son acuerdos. 

El no más alto y claro es al machismo, a este sistema estructural que oculta las ganancias del NO en favor de unos pocos, según les convenga. Ya que aquí nadie escapa a la pérdida cuando no desarrollamos las capacidades de decisión y de gestión de los noes. Esos pocos que utilizan el “NO es NO”, de una forma tan deshonesta que llegan a afirmar manipulaciones como: “dice que no, pero quiere decir que sí” o “no ha dicho que no, entonces es que sí”

Pero bueno, las trampas están para sortearlas, para destruirlas, para poder saber que no son un hecho aislado, y que toca transformarlas conjuntamente. Aquí sí que las ganancias son para el total de la población, sin distinción.

Y en el nudo de la película “El recorrido del No” aparece el ¿cómo? Ya hemos conocido a personajes, sus miedos, como se han construido, ya es posible que nos hayamos identificado con alguno. Y ahora llega la trama, ¿Cómo se hace? ¿Cómo sabemos que es un NO, lo que queremos decir? ¿O lo que nos acaban de expresar? ¿Cómo hacemos para no sentir el miedo al rechazo o al ataque? ¿sentimos ese miedo o esto no tiene nada que ver con nuestras experiencias? Hoy propongo realizar conjuntamente una parte del recorrido por nuestros noes. 

Pensamiento crítico, (auto)observación, escucha, cuestionar el engranaje del sistema heteropatriarcal, poner el acento en la diversidad, las subjetividades, las vivencias, los cuidados, los permisos, los acuerdos, las sensaciones, los silencios como senda hacia respondernos qué nos trae el consentimiento; qué son los encuentros Con/Sentido o cómo atendemos la combinación de matices para generar nuevas formas más placenteras, deseables o excitantes. ¿El consentimiento es excitante? ¿Erótico?

Sabemos que la metamorfosis es con feminismo, feminismo y más feminismo y decir o recibir con buenos tratos un NO se intersecciona con práctica, práctica y más práctica. Ante esta encrucijada el feminismo, nuevamente, nos aporta luz iluminando nuestros poderes y gritando bien alto “NO es NO”, como si prendiera la mecha de nuestro coraje, propio y social, poniendo un punto y final. 

Un punto y final a cualquier manipulación, a cualquier trampa, sea la que no reconoce nuestros noes como la que dice que siempre es un NO, a no ser que expresemos lo contrario. Ambas están polarizadas perdiendo la riqueza de la tercera fuerza y todas las posibilidades que se despliegan cuando el NO forma parte de nuestro vocabulario y es libre.

Que forme parte de nuestro vocabulario hace que forme parte de nuestras vidas, sin condicionamientos, sino como permisos, autorizaciones, oportunidades, libertades; en definitiva, como decisiones propias construyéndonos desde los cuidados, el respeto, la diversidad y la igualdad. 

¿Y el final de la peli? Pues aún no ha llegado el final, la trama está en pleno enredo.

De momento, en este texto me he explayado en decir NO. ¡Qué a gusto me he quedado!

Continuará…

¡QUE SEA RICO!